Showing posts with label la creatividad como espacio de conflicto. Show all posts
Showing posts with label la creatividad como espacio de conflicto. Show all posts

La creatividad como espacio de conflicto - Laboratorio/seminario en el Museo Reina Sofía

Voy a organizar el Laboratorio/Seminario 'La creatividad como espacio de conflicto' en el Museo Reina Sofía.

La idea es que sea un dispositivo de creación e investigación que, a partir de la crítica a la creatividad, la precarización y la mediación cultural, explore fracturas y líneas de ruptura que pueden trazarse desde la producción artística y cultural, así como nuevas formas de colectivización / sindicación desde la acción directa y el pensamiento como acción.


Tendrá lugar los lunes de 18.30 a 21.00 horas desde el 26 septiembre y 28 noviembre en el Edificio Sabatini.

Creo que va a ser un proyecto fascinante y el plazo de inscripción está abierto.

Toda la información y los textos de apoyo están colgados en la página web del Museo Reina Sofía.









Punto de fuga

Texto incluído en 'Glosario Imposible' editado por Hablarenarte

 1
Los proyectos de producción artística que colectivizan metodologías, herramientas, procesos, cuidados, saberes, prácticas y secretos han adquirido un especial protagonismo. Entre otras cosas, suponen un interesante desafío a las jerarquías tradicionales de producción artística y cultural desde múltiples ángulos, estimulan la creación de comunidades que operan de manera autónoma y pueden constituirse en un punto de fuga, un nuevo sindicalismo social, que desafíe la precariedad.

Vamos a comenzar con un breve viaje en el tiempo. Nos interesa trazar una cierta genealogía. Al final de los 70, la experimentación política y contracultural, llevada a cabo de manera colectiva con el objetivo de alcanzar la emancipación del Fordismo y de la subjetividad disciplinaria, era ya bastante difícil de distinguir de su absorción en un nuevo régimen. Las estrategias de subjetivación, de relación con el otro y de la producción cultural habían tomado una importancia esencial. Muchos de los precursores de las transformaciones de décadas anteriores se habían convertido en los protagonistas de un mundo fabricado por y para un capitalismo de nuevo estilo.

Las condiciones de vida y trabajo actuales nos remiten a la genealogía de los movimientos contraculturales desde la década de los 60. En el contexto del feminismo, el ecologismo, la izquierda radical, las lucha barriales y los movimientos autónomos de esos años, las prácticas disidentes de formas de vida alternativa y los deseos de cuerpos y relaciones diferentes, se buscaba alejarse de las condiciones de trabajo habituales en esos momentos y de sus medidas disciplinarias. La aceptación voluntaria de condiciones de empleo precarias respondía generalmente a la necesidad de superar la moderna división patriarcal entre reproducción y trabajo asalariado.

En los últimos años, sin embargo, son precisamente estas condiciones alternativas de vida y de trabajo las que han llegado a ser cada vez más utilizables económicamente como posibilidades de negocio, porque favorecen la flexibilización del mercado laboral exigida por los poderes financieros. De este modo, las prácticas y discursos de los movimientos sociales, políticos y culturales de las últimas décadas además de ser disidentes y antagonistas contra la normalización, son, en parte, absorbidos por el imaginario neoliberal de gobernabilidad.Se trata de un profundo proceso de comodificación y cooptación de la potencialidad cultural y artística. En Una Breve Historia del Capitalismo el filósofo norteamericano David Harvey habla abiertamente de cómo el capitalismo tardío despliega la cultura para comercializar las formas de resistencia y creatividad, para robarles su potencial revolucionario.2
  
Imagen del proyecto 'Vamos a Murcia a Enamorarnos' de Javier Montero
2
LA COMODIFICACIÓN DEL ARTISTA
Continúo con la digresión sobre la comodificación/precarización de la producción cultural y artística. En su interesante ensayo Unpredicable Outcomes / Unpredicitible Outcasts, la investigadora Marion von Osten sostiene que la figura del artista personifica la exitosa combinación de una diversidad ilimitada de ideas, creatividad a la carta y sofisticado auto-marketing, que es lo que hoy en día se le exige a cualquier persona que se precie en el mercado de trabajo. El artista parece ser el protagonista en esta nueva manera de entender la relación entre el trabajo y la vida, y, lo que es más importante en nuestro contexto, para mediarlo a audiencias más amplias.3

Esta mistificación de la figura del artista, cuyo modo de trabajo está basado en la auto-responsabilidad, la creatividad y la espontaneidad, es, como sabemos, la que hoy en día alimenta la narrativa del discurso sobre el trabajo. Desde la década pasada, en los programas sobre política de empleo en países como Holanda, Alemania y Gran Bretaña, que luego han sido adoptados en muchos otros países, el apoyo al parado depende de su capacidad de ser creativo, emprendedor, autónomo y en su disposición a conjugar de manera productiva el tiempo de trabajo y el de la vida.4

Imagen del proyecto 'La gaseosa de ácido eléctrico' de Javier Montero

 3
Aterrizamos en el aquí y ahora para ver cómo toman cuerpo estas transformaciones en la producción de subjetividades. Creo que era Mao Tse-tung quien decía que “nuestro campo batalla es el imaginario de las clases medias.” Aunque sea brevemente, es interesante destacar cómo el arte y la cultura contemporánea española se construyen como imaginarios de clase y género, desarrollados por agentes que generalmente pertenecen a estratos sociales muy determinados. Resulta endémica su tradicional falta de sensibilidad ante los conflictos sociales y políticos o ante la extrema precarización de las condiciones, materiales e inmateriales, de la producción.

En este contexto, es un hecho sintomático que la figura del artista se haya convertido en el modelo de precarización. El neoliberalismo busca la máxima flexibilización para que el trabajo sea barato y fácilmente explotable. El llamado trabajo autónomo sigue una serie de parámetros de empobrecimiento: la búsqueda de ocupaciones temporales sin derecho a baja médica, a cobrar paro o vacaciones pagadas; la ausencia de protección ante despidos improcedentes; la carencia de una mínima protección social. La línea divisoria ente el tiempo laborable y la vida se desvanece. Hay una acumulación de conocimientos durante las horas no pagadas que no es remunerada, pero que se exige de manera natural. La comunicación permanente en las redes es vital para poder sobrevivir… Pero estos parámetros se mantienen invisibilizados bajo el manto de la creatividad en el imaginario neoliberal de gobernabilidad. El arte es un interesante campo de pruebas y experimentación de subjetividades para el capitalismo, en él se generan desde modelos de precarización a múltiples procesos mercantiles especulativos.

No vamos a extendernos mucho con esto, pero desde su consolidación, la cultura del régimen de la transición se ha caracterizado por la ausencia de capacidad crítica, la asunción de los marcos conceptuales e institucionales y la falta de compromiso político y social. Según el neoliberalismo se ha consolidado como el ADN biopolítico del sistema, los espacios de producción artística y cultural han sido atravesados, parcelados, territorializados por fórmulas de mediación que suponen la introducción de la lógica del mercado, así como de dispositivos de control.

Una de las funciones de la cultura oficial, como comenta David Harvey en Una Breve Historia del Capitalismo, es la invisibilización de los procesos de precarización de las personas, las comunidades y los colectivos.5 En este sentido es interesante destacar como en las últimas décadas el sistema político español ha aplicado las políticas neoliberales en el espacio del arte y la cultura con una intensidad y un sesgo particular. Obsesionado con la estabilidad y con estabilizar, ha estructurado este territorio como un espacio mediado, normativizado, regulado, instrumentalizado, homogenizado. De hecho, ha utilizado todos los medios a su alcance para tratar de establecer una cultura hegemónica con el objetivo de producir subjetividades dóciles, despolitizadas, altamente consumistas. Y se las prometía felices hasta que estalló el 15M con sus practicas de colectivización de los procesos de construcción social, sus lógicas de desbordamiento y el desarrollo del pensamiento como acción. El pensamiento como acción

El uso que el sistema hace de la mediación es un problema clave en el terreno del arte y la cultura. La ha convertido en la fórmula para introducir y consolidar la lógica mercantil neoliberal y la consiguiente precarización de las condiciones de producción. En este contexto, la institucionalización de las prácticas colaborativas puede traer consigo su cooptación, despolitización, limitación de potencia estética y pérdida de la capacidad tanto de desbordamiento de los marcos conceptuales e institucionales como de generación de conflictos. Las fórmulas de mediación se han desarrollado para controlar y domesticar el potencial subversivo, transgresor o sencillamente crítico de la creación cultural y artística colectiva, así como la institucionalización jerárquica de sus prácticas.

No hablamos sólo de cooptación y comodificación, el proceso que estamos viendo va algo más lejos. Se trata de un conflicto de construcción de subjetividades o, para ser más precisas, vivimos en conflicto con la subjetivación capitalista que nos atraviesa.

Imagen del proyecto 'La caja mágica' de Javier Montero

 4
PUNTOS DE FUGA: EL SINDICATO SOCIAL
A la hora de hablar de proyectos colaborativos en los que se colectivizan las herramientas de producción partimos de la idea de que las relaciones intersubjetivas no son únicamente un fin en si mismas; sino que permiten explorar terrenos tan complejos como la naturaleza de los procesos pedagógicos, el papel de los afectos, la labor que juegan los sistemas de representación cultural y las instituciones, los protocolos de comportamiento, la construcción de los géneros, la implicación política y las potencialidades de las micro-políticas, las desigualdades y el sistema de clases, el narcisismo, el concepto de valor.
Y hablamos, claro, de precarización.

Un punto de fuga particularmente interesante para salir del laberinto y luchar contra las dinámicas precarizadoras es la reinvención de fórmulas sindicales. Y en este proceso juegan un papel esencial los procesos de colectivización de prácticas, herramientas, cuidados, saberes, metodologías, mediaciones. De aquí la importancia de que estos no sean cooptados, despolitizados, institucionalizados.

Necesitamos reinventar fórmulas del sindicalismo social para poder encarar el profundo deterioro de las condiciones de vida de la producción cultural, cuestionar a fondo la figura y posición jerárquica que ocupa la institución y el represente institucional y producir nuevas realidades. Necesitamos formulas sindicales abiertas que sean capaces de producir conflicto, que superen dicotomías y que articulen conocimiento. Fórmulas de sindicalismo social que tracen redes transversales con proyectos políticos antagonistas y con la multitud de fenómenos culturales vivos, hayan sido o no reconocidos como tales. Hablamos, en suma, de la construcción del sindicato de las productoras culturales precarizadas, que desarrolla el ‘pensamiento como acción’ en una lógica de desbordamiento del marco institucional, económico y artístico.

Sería interesante realizar una completa reorganización de lo que se supone que es la estructura de producción artística para eliminar la precariedad. Da un poco de pudor decirlo pero, tras haber reinventado la fórmula partido político para asaltar el poder institucional, se hace necesario reinventar el dispositivo sindical para alterar las condiciones, materiales e inmateriales, de producción cultural y artística. Y los procesos de colectivización de herramientas, metodologías, prácticas y proyectos, son parte esencial de ese nuevo sindicalismo social, reticular y autónomo que combate el proceso de precarización que sufrimos y produce nuevas realidades.
Uf.

 Imagen del proyecto 'La máquina del tiempo' de Javier Montero


Notas
1. Paolo Virno. A Grammar of the Multitude. (p. 101)
2. David Harvey. A Brief History of Neoliberalism.
3. Marion von Osten. Unpredicable Outcomes / Unpredicitible Outcasts.
Publicado en: http://eipcp.net/transversal/0207/vonosten/en
4. Claire Bishop. Artificial Hells. Participatory art and the politics of spectatorship. (pp. 13-18). “El Norte de Europa ha transformado el discurso de los 60 sobre participación, creatividad y comunidad; estos términos han dejado de tener una fuerza subversiva y antiautoritaria, sino que se han convertido en la claves de las políticas económicas post-industriales.” (p. 14)
5. David Harvey. A Brief History of Neoliberalism. (p.47)

Bibliografía
. Bishop, Claire. Artificial Hells. Participatory Art and the Politics of Spectatroship. Verso.
. Guattari, Féliz. Caosmosis. Ediciones Manantial. Argentina.
. Guattari, Féix y Rolnik, Suely. Micropolítica. Cartografías del deseo. Traficantes de Sueño.
. Harvey, David. Rebel Cities, From the Right to the City to the Urban Revolution. Verso.
. Negri, Toni. Movimientos en Imperio. Paidós.
. Raunig, Gerald, Ray, Gene y Wuggening, Ulf (eidtores). Critique of Creativity. Precarity, Subjectivity and Resistance in the ‘Creative Industries’. May Fly Books.
. Vercauteren, David, «Mouss» Crabbé, Olivier y Müller, Thierry. Micropolíticas de los grupos para una ecología de las prácticas colectivas. Traficantes de Sueño.
. Virno, Paolo. A Grammar of the Multitude. Semiotext(e) / Foreign AGents.



La normalidad como campo de batalla


Texto incluído fanzine colectivo (descargar) realizado en el taller La muerte del Pop en el CA2M
y publicado en El Estado Mental





Tenemos narrativas capaces de desbordar los sistemas de representación; pero es curioso como en la construcción de imaginarios somos súper-tímidas y pensamos en la 'gente normal'...

La noción de 'gente normal' es un modo de gestionar, atenuar y desarmar las formas-de-vida en función de las leyes del mercado.

Cuando moderamos el discurso para llegar a la 'gente normal' le damos cuerpo, nombre y apellido a la producción policial del sistema.

Es sorprendente la obsesión que tenemos por diseñar un otro como 'gente normal', que neutraliza lo que queremos decir y nos frustra, tiñendo el lenguaje de posibilismo.

La búsqueda del voto de ese ente fantástico llamado 'gente normal' tiene un altísimo precio en el mercado capitalista de la representación: el precio de la derrota.

La normalidad es un campo de batalla.

Tenemos una cultura mediada para la 'gente normal'; ese concepto inexistente que neutraliza el riesgo, el conflicto, el antagonismo, y que personifica nuestro miedos e incertidumbres.

Al tiempo que la subjetividad capitalista toma al 'artista' como modelo de producción, su producción cultural invisibiliza el conflicto.

Cuando recurrimos a esa figura imaginaria llamada 'gente normal' lo que estamos haciendo es darle cuerpo al miedo que llevamos dentro.

Al unir supervivencia e integración en el mercado social, económico, político, se articula la necesidad psíquica de ser aceptado e integrarse como forma de ser en el mundo.

La naturalidad con que aceptamos ideas que nos invisibilizan es el arma de normalización del sistema.

La ‘gente normal’ es la gran protagonista de las ficciones posibilistas.

                                     




La cultura y el periodismo son las fórmulas que el sistema utiliza con gran éxito para invisibilizar la guerra en curso contra las más vulnerables.

Son sintomáticas las características y, sobretodo, las potencias que se le atribuyen a la ‘gente normal’, como magnitud de medida, vórtex ético, ser mayoritario, gobernabilidad o respetabilidad.

Frente a la figura del ‘artista’ como modelo de subjetividad capitalista, la conciencia creativa anormal, criminal, delictiva, ingobernable.

Fuera del foco censor de los medios de comunicación. Fuera del marco de significación de las instituciones académicas y culturales. Fuera de las coordenadas de los discursos políticos y periodísticos. Fuera de cualquier construcción institucional. Fuera del campo de la cultura.

Mientras tratamos de desbordar los sistemas de representación, la cultura es un espacio mediado que domestica el pensamiento como acción.

Cuando adaptamos nuestros discursos a la figura imaginaria llamada 'gente normal' entramos en una negociación a la baja que ansía agradar a cambio de neutralizar toda potencia subversiva.

Es sintomático que no nos atrevamos a utilizar tipos de lenguaje, por supuestamente transgresores, que las propias ficciones comerciales usan con total comodidad... #BreakingBad

Resulta difícil imaginar mayor muestra de derrota que la moderación del lenguaje para llegar a la 'gente normal'. Acepta marcos de regulación como marcos de significación originarios.

Cuando recurrimos a esa figura imaginaria llamada 'gente normal' lo que estamos haciendo es darle alas al miedo que llevamos dentro...

La noción 'gente normal' está estrechamente ligada a la de ciudadano y las cualidades neutralizadoras y reguladores que se le atribuyen.

Cuando hablamos de la 'gente normal' construimos un otro que nunca va a entendernos y que justifica nuestra impotencia.

Mientras el madero es el policía para controlar a las clases trabajadoras, los precarios y a los más desfavorecidos, figuras como el mediador cultural o el periodista institucional son la policía del pensamiento que configura a las clases medias.





mediación cultural
La cultura de la transición y la mediación cultural de hoy en día responden a una lógica biopolítica idéntica: la lógica del miedo/control.

La mediación cultural es una agencia de censura desarrollada para neutralizar la posibilidad de antagonismo político, social y cultural.

Las capas de presencia policial en la institución cultural modifican de manera substancial cualquier definición de cultura, así como las formas de percepción.

La mediación desarrolla filtros y límites que comodifican y convierten el proceso de producción estética en un proceso empresarial.

El discurso del arte, que en el mejor de los casos subraya de manera obediente los discursos políticos hegemónicos dentro del campo crítico, es integrado en la narrativa de control del sistema de representación. El arte y la cultura nos entretienen del malestar de la guerra en curso.

La mediación cultural es un discurso de clase, con un sistema académico que la avala y un régimen institucional expositivo que la consolida.

La mediación cultural ha conseguido que se entienda por cultura los discursos estéticos que subrayan las líneas maestras del discurso político crítico ortodoxo.

La cultura española, perdón por el oximorón, es un discursito de clase acomodada y los mediadores culturales son su policía.

La representación cultural, como representación de clase y como configuración de los límites que la definen, justifican y defienden.

La representación como invisibilización del conflicto y de la guerra del sistema contra las más vulnerables. Sentados en la butaca desde la que disfrutar de la fantasía de la representación.

La institución artística es el espacio acotado, defendido, controlado, asegurado y normalizador que crea valor cultural, económico, político.

La institución artística es el espacio de significación que le da valor artísticos a los objetos y acciones que muestra. Marca parámetros, jerarquías, espacios de mirada, distancias, seguridades, etc.

La institución es el espacio que le da valor artístico a un objeto o a un gesto y los convierte en un objeto privilegiado y complejo, con un destacado valor cultural y económico. El marco de significación de la institución artística le brinda el contexto que permite leerlo como arte al poner a su disposición los dispositivos de significación y de construcción de valor.




máquinas de guerra
Frente al teatro de la representación, máquinas escénicas de guerra: #SomosVuestraPeorPesadilla

Pensar fuera de los límites de la legalidad. Pensar fuera del posibilismo.

Los nuevos monstruos son peligrosos porque al estar vivos escapan a las magnitudes de medida y a las políticas de conformación y a la gobernabilidad.

El sistema de control policial se ha convertido y se ha naturalizado como el propio sistema de representación. El sistema de representación ha pasado ha ser el sistema de representación policial.

Frente a la idea del valor constructivo y social de la institución las formas-de-vida necesitan generarse fuera de estos espacios acotados, necesitan respirar e inscribirse en la vida cotidiana, desbordando barreras, estructuras, registros, categorías, controles y jerarquías mediadoras.

Cuando aquellos con conciencia de pertenecer a los grupos más desfavorecidos y vulnerables, excluidos e invisibilizados, se rebelan contra las formas de significación y subjetivación, las atacan al tiempo que las ignora, las dejan obsoletas y ridículas, relegadas basurero de la historia.

El pacifismo es uno de los productos de mayor éxito del sistema capitalista.

La apropiación de las palabras parodiadas, ironizadas, satirizadas, marginadas, ridiculizadas, gastadas, neutralizadas, que viene de la pulsión de los márgenes, de la genealogía de una precariedad que define sus propias condiciones de existencia, de la conciencia de la explotación y de la necesidad de la rebeldía para existir. Las recarga, las reinventa, les inyecta un sentido nuevo: la potencia de violencia ontológica.

La dicotomía pacifismo-violencia oculta la posibilidad de generar formas-de-vida.

Desafíos físicos y corporales, insurgencias, desobediencias, rupturas, ruidos callejeros, conflictos, altercados, turbulencias, manifestaciones de odio, insanas, conflictivas. La confrontación abierta y oculta con la normalidad que neutraliza el conflicto.





The Illusion of Choice - Una crítica de la creatividad

Editado en El Estado Mental
Descargar PDF




Vamos a comenzar realizando un breve viaje en el tiempo. En el periodo entre las décadas de los 60 y los 70 los movimientos políticos y culturales antagonistas pusieron en crisis el modo de subjetivación dominante hasta esos momentos, que no tardó en colapsar junto a la estructura familiar victoriana y su largo periodo de apogeo en Hollywood. Aparece una subjetividad ‘flexible’, acompañada de la experimentación radical con modos de existencia y la producción contracultural, que desestabilizaron el estilo de vida imperante y sus anticuadas políticas del deseo, con su lógica de identidad, sus relaciones con el ‘otro’ y su imaginario.1

Como sostiene el colectivo británico de investigadores activistas Deterritorial Investigations Unit, se produjo un auténtico éxodo desde la sociedad disciplinaria hacia lo afectivo, lo corporal y las políticas de resistencia contraculturales. El deseo de abandonar, drop out, esa realidad, afirmar la libertad individual frente a ella y experimentar de manera abierta otras formas de vida, fue premiado progresivamente con la flexibilización de la fuerza laboral y el consumo ‘cool’ durante el tiempo libre. Este proceso ha ido acompañado de un enorme cambio tecnológico que permite un consumo personalizado, la utilización del ‘machinic phylum’ (filo maquínico) y el desarrollo del General Intellect o conocimiento social.2



Para el colectivo Tiqqun, el paso de la sociedad disciplinaria a la actual de control es inseparable de las revueltas antidisciplinarias de los 60 contra el Fordismo. El ciudadano mutante postmoderno, como ellos le denominan, fue prefigurado por los estudiantes experimentando con LSD, la gente joven huyendo del mercado de trabajo y las revueltas contraculturales.

El capitalismo ‘cultural’ o ‘cognitivo’, concebido como una solución a la crisis provocada por estos movimientos contraculturales, absorbió los modos de vida que éstos inventaron y se apropió de sus fuerzas subjetivas, especialmente del potencial creativo.3 Toyotismo, automatización, incremento de la flexibilidad y personalización del trabajo, deslocalización, externalización, descentralización, metodologías de tiempo real, gestión específica de proyectos, cierre de grandes plantas de fabricación y liquidación de los sistemas industriales pesados, son algunos de los aspectos de las reformas cuyo propósito fundamental era restaurar el poder capitalista sobre la producción de vida.4

En un poderoso proceso de comodificación y cooptación, a finales de los años 70 la experimentación llevada a cabo de manera colectiva en las décadas anteriores, con el objetivo de alcanzar la emancipación del Fordismo y de la subjetividad disciplinaria, era ya bastante difícil de distinguir de su absorción en un nuevo régimen. De hecho, este cambio del sistema fue experimentado por muchos de los protagonistas como un signo de reconocimiento e inclusión: el nuevo estado de cosas parecía liberarles de la marginación a la que habían sido confinados en ese mundo ‘provinciano’ y disciplinario, de valores fuertes, que ahora se desvanecía. Deslumbrados por la recepción de su producción creativa, que ahora les llevaba a la portadas de los grandes medios y engordaba sus cuentas bancarias, los precursores de las transformaciones de las décadas anteriores entraron en el juego. Muchos de ellos llegaron, de este modo, a convertirse en los creadores y constructores de un mundo fabricado por y para un capitalismo de nuevo estilo.

Las estrategias de subjetivación, de relación con el ‘otro’ y de producción cultural tomaron una importancia esencial. Hablamos de un régimen que se nutre de las fuerzas subjetivas del conocimiento y la creación, por eso es descrito como capitalismo cultural o cognitivo. Según Suely Rolnik todos tenemos una subjetividad flexible que ha sido instituida por los movimientos colectivos contraculturales. En otros lugares hemos llamado a este proceso ‘la muerte del Pop’.5


Este cambio de paradigma en la producción de subjetividades es descrito con acierto por la Facción del Ejército Rojo (RAF), en un texto en el se observa como “el sistema capitalista ha tomado todo el tiempo libre de la gente. A la explotación en los centros de trabajo se añade ahora la explotación de las emociones y pensamientos, deseos y sueños utópicos, a través del consumo y la comunicación. (…) El sistema ha conseguido en las metrópolis hundir a la gente de un modo tan profundo, que parece que han perdido cualquier sentido de la naturaleza explotadora y represiva de su situación. Así que por un coche, un par de pantalones vaqueros, un seguro de vida y un préstamo, aceptarán cualquier atropello del sistema. De hecho, ellos ya no pueden imaginar ni desear nada que vaya más allá de un coche, unas vacaciones o un cuarto de baño con azulejos.”6

En este contexto resulta interesante traer a colación la noción de biopoder, con la que Michael Foucault se refiere a la tecnología de control que gestiona poblaciones de modo que sus dictados son interiorizados. Los productos capitalistas han colonizado, finalmente, el tejido de la realidad cotidiana, hasta el punto en el que todo lo que una vez era directamente vivido se ha convertido en representación. El biopoder abraza el consumo superficial de interminables intercambios de deseos al ritmo de las novedades del mercado. Nos ofrece pastiche como invención, parodia como entretenimiento, propaganda como información, cinismo e hipocresía como reflexión. Pero el biopoder permite espacio para subjetividades que pueden tender hacia los límites, como el punk y el rebelde, siempre que lo sean sin causa y, sobretodo, tengan un compromiso de responsabilidad social equiparable a la gestión del sistema. El ciudadano post-Fordista desea poder manifestar su propia expresión, aunque se trate de una expresión enraizada en las semióticas del mercado.7



Hacia una biopolítica neoliberal
Las condiciones de vida y trabajo actuales remiten a la genealogía de los movimientos contraculturales desde la década de los 60. En el contexto del feminismo, el ecologismo, la izquierda radical y los movimientos autónomos de esos años, las prácticas disidentes de formas de vida alternativa y los deseos de cuerpos y relaciones diferentes buscaron constantemente distinguirse de las condiciones de trabajo habitual en esos momentos y de sus medidas disciplinarias, controles y limitaciones. La aceptación voluntaria de condiciones de empleo precarias generalmente respondió a la necesidad de superar la moderna división patriarcal entre reproducción y trabajo asalariado.
En lo últimos años, sin embargo, son precisamente estas condiciones alternativas de vida y de trabajo las que han llegado a ser cada vez más utilizables económicamente como posibilidades de negocio, porque favorecen la flexibilización del mercado laboral exigida por los poderes financieros. De este modo, las prácticas y discursos de los movimientos sociales en los treinta o cuarenta últimos años no fueron sólo disidentes y dirigidas contra la normalización, sino que fueron simultáneamente absorbidas como parte de la transformación hacia una forma neoliberal de gobernabilidad.8

En Una Breve Historia del Capitalismo, David Harvey ha analizado cómo cualquier movimiento político que tenga la libertad individual como valor sacrosanto es vulnerable de ser incorporado sin problemas por el neoliberalismo. Cooptando toda la retórica de la igualdad, el mercado ha podido apaciguar los movimientos políticos identitarios de resistencia. Sus energías y potencias han sido capturadas por la neoliberalización de la cultura y, de este, modo han perdido su carácter antagonista. Harvey sostiene que la explotación narcisista del ‘yo’, la sexualidad y la identidad son ahora el leitmotiv de la cultura urbana burguesa. El capitalismo tardío despliega de este modo la cultura para cooptar y comodificar la resistencia, para robarle su potencial revolucionario.9



La creatividad
Estar bien con uno mismo. La búsqueda de la verdad interior. La optimización del ‘yo’ en consonancia con la neoliberación de la cultura, la economía y la política. Términos como creatividad, liderazgo o innovación son considerados como valores positivos fundamentales, orientados hacia el mercado según su lógica instrumental y ajustados a sus condiciones y necesidades. La potencialidades del sujeto son, así, racionalizadas en conformidad con el consumo.

Nos referimos al régimen terapéutico para definir al gobierno de las formas-de-vida y a la producción de subjetividad características del capitalismo cognitivo. Con la comodificación de la creatividad como ausencia de problematización, la cadena de producción de subjetividades se modela dentro de los cauces de eficacia y funcionabilidad mercantil de la sociedad de consumo. La producción de creatividad funciona dentro de la lógica instrumental del capitalismo, que regula, administra y neutraliza cualquier disrupción heterogénea antagonista y problemática. No se cuestiona el marco de referencia sino que se buscan soluciones productivas, evitando la posibilidad de problematizar las condiciones de producción.

Según sostiene Tiqqun en su texto Esto no es un programa, a quienes debemos temer con mayor intensidad y tendríamos más motivos para traicionar, son a todos aquellos que siguen nuestras pistas desde la distancia, maquinando la manera de capitalizar la energía expandida de nuestras luchas: los managers, los coachings, los maníacos de la re-territorialización.10



El artista
No sólo se controla el posible potencial creativo, también es interesante analizar los significados que se invierten en el término y cómo se opera desde ahí. La creatividad abre un régimen de ideas que el capitalismo se vende a si mismo. Al capitalismo le encanta la creatividad y se ve a si mismo como su paradigma, personificación, agente productor, coherente súper-ego mercantil; la creatividad es el pensamiento mágico del capitalismo.

El filósofo italiano Paolo Virno sostiene que en la era del capitalismo ‘cognitivo’ el trabajo productivo ha adoptado las características particulares de la actividad artística performativa. Cualquiera que produce plusvalía en el post-Fordismo actúa, visto desde una perspectiva estructuralista, como un pianista, un bailarín, etc.11   

La creatividad es un concepto clave del imaginario capitalista, que busca la comodificación de los procesos de producción cultural y artística. El mercado del arte es un paradigma de la fuerza creativa de la inflación y la generación de valor; de hecho, conforma un espacio privilegiado que permite experimentar arriesgadas apuestas especulativas.

En su interesante ensayo Unpredicable Outcome / Unpredicitible Outcast, la investigadora Marion von Osten sostiene que la figura del artista personifica la exitosa combinación de una diversidad ilimitada de ideas, creatividad a la carta y elegante auto-marketing, que hoy en día se le exige a cualquiera persona. Los individuos situados fuera del mercado de trabajo tradicional son presentados como fuentes de productividad dirigidas por su propia fuerza motivadora. Aquellos que alcanzan el éxito son celebrados públicamente como comprometidos creadores de nuevas ideas subversivas y de estilos de vida y modos de trabajo innovadores. La figura del artista parece ser el punto de referencia para este nuevo entendimiento de la relación entre el trabajo y la vida, y, lo que es más importante en nuestro contexto, para mediarlo a audiencias más amplias.12

Esta mistificación del artista individual, cuyo modo de trabajo está basado en la auto-responsabilidad, la creatividad y la espontaneidad, es la que alimenta los slogans del discurso sobre el trabajo hoy en día. En los debates sobre política de empleo en países como Alemania y Gran Bretaña, por ejemplo, que luego han sido adoptadas en otros países, el apoyo al parado depende de su disposición a conjugar el tiempo de trabajo y el de la vida de manera productiva y, en suma, a su capacidad de ser creativo. Así puede verse en la retórica de la Comisión Hartz, encargada de diseñar los planes para el ajuste estructural del mercado laboral germano. En su terminología, los parados emergen como auto-motivados freelances y artistas, al tiempo que periodistas y otros trabajadores auto-empleados son revalorizados como “los profesionales de la Nación”.

En los discursos actuales de gestión y consultoría corporativos, las acciones e ideas creativas ya no se esperan sólo de los artistas, curators o diseñadores. Los nuevos empleados precarios son, a su vez, clientes potenciales del próspero mercado de la creatividad, provisto de una amplia literatura específica, terapias, seminarios, software y así sucesivamente. Estos programas educacionales, técnicas de aprendizaje y herramientas específicas proyectan nuevas formas potenciales de ‘ser’. El objetivo es hacer que parezca deseable la optimización del ‘yo’. Los trainings de creatividad demandan y apoyan una liberación del potencial creativo, sin parase a considerar las existentes condiciones sociales o políticas. Por un lado, la creatividad se muestra como la variante democrática de la genialidad: la habilidad de ser creativo es otorgada a todo el mundo. Por otro lado, todo el mundo está obligado a desarrollar su potencial creativo individual. La llamada a la auto-determinación ya no designa sólo una utopía emancipada.

Los individuos cumplen con estas nuevas relaciones de poder aparentemente por voluntad propia. Ellos están obligados a ser libres e instados a ser responsables, ecuánimes, ponderados, autónomos y auto-responsables. Su comportamiento no es regulado por un poder disciplinario, sino por técnicas ‘gubernamentales’ de control enraizadas en la idea neoliberal de un mercado auto-regulador. Estas técnicas están dirigidas a movilizar y estimular más que a disciplinar y castigar. Tan contingente y flexible como es el mercado deberán ser los nuevos sujetos del trabajo.14

Por otra parte, la mitología del artista continúa proyectando la imagen de un cierto estilo cosmopolita donde la vida y el trabajo se desarrollan en un mismo lugar, con la añadida ilusión del posible disfrute del tiempo libre. Como Elisabeth Wilson comenta en su Bohemians: The Glamorous Outcasts, la noción de flexibilidad y movilidad emerge históricamente de la tradición del excluido, establecida por la generación de artistas que trataban de resistir los ‘dictums’ de disciplina y racionalización. Pensemos en la Beat Generation, por ejemplo. Pero el estatus social y el capital cultural añadidos a la imagen del ‘artista’ también apuntan a una forma de trabajo que se pretende más ética, pues ha descartado la coerción de los regímenes disciplinarios y es destinada a algo más abstractamente ‘humano’. El estudio del artista o loft se convierte en un símbolo de la confluencia del trabajo y el ocio en la vida diaria, con el objetivo de la innovación y la diversidad de ideas.
De este modo, la ideología neoliberal adquiere en el régimen terapéutico la dimensión estética que necesita para su realización plena, como puede comprobarse en una oficina de diseño o en un espacio de vivienda, que ahora son ‘habitats’. Los sujetos son situados en nuevos ambientes; proliferan las ofertas asociadas al estilo de vida.14



Creatividad y precariedad
Las políticas que gobiernan el proceso de subjetivación son características del capitalismo financiero que se estableció a lo largo y ancho del planeta desde mitad de la década de los 70.

La tradición moderna desarrolló la exigencia de que había que orientarse hacia la normalidad, de modo que todas las personas debían desarrollar una estrecha relación con el ‘yo’, para observar, regular, ordenar, negociar, optimizar y controlar su propio cuerpo y su vida. Inseparable de esta necesidad de auto-control son algunas ideas encriptadas, como que la auténtica esencia de nosotros mismos, nuestra verdad central, es el resultado de relaciones de poder.
La auto-regulación normalizadora del ‘yo’ está basada en una supuesta coherencia, una unidad imaginaria e integradora, que se remonta a la construcción del individuo burgués masculino. La coherencia es uno de los prerrequisitos del sujeto moderno soberano. Estas verdades, imaginadas, interiores, naturales, estas construcciones de realidad, todavía alimentan la idea de que tenemos que ser capaces de dar forma a nuestra propia vida de manera libre y autónoma, de acuerdo a decisiones propias. La noción de ‘responsabilidad personal’, usada como un mantra por los medios corporativos de comunicación en el curso de la restructuración neoliberal, opera sobre esta tecnología liberal de auto-regulación.15

La revolución neoliberal necesitaba la flexibilización tanto como el trabajo barato fácilmente explotable. El llamado trabajo autónomo sigue una serie de parámetros de precarización: la búsqueda de ocupaciones temporales sin derecho a baja médica, a cobrar paro o vacaciones pagadas; la ausencia de protección ante despidos improcedentes; la carencia de una mínima protección social. La línea divisoria ente el tiempo laborable y la vida desaparece. Hay una acumulación de conocimiento durante las horas no pagadas que no es remunerada, pero que se exige de manera natural. La comunicación permanente en las redes es vital para poder sobrevivir. Pero estos parámetros se mantienen invisibilizados bajo el manto de la creatividad.
Estas prácticas están unidas tanto al deseo como al conformismo. Es por esto que los trabajadores de las industrias creativas, estos virtuosos precarizados voluntariamente, como les denomina Paolo Virno, son tan fácilmente objeto de explotación. Ellos parecen capaces de tolerar sus condiciones de vida y trabajo con una paciencia infinita por la creencia en su propia libertad y autonomía, por las fantasías de auto-realización. En el contexto neoliberal, son tan explotables que, ahora, ya no es sólo el Estado quien les presenta como los modelos de los nuevos modos de vida y de trabajo.

La experiencia de ansiedad y pérdida de control, las sensaciones de profunda inseguridad, el miedo al error, la caída del estatus social y la pobreza, van unidos al estado de precarización. Tienes que estar alerta ante las oportunidades. Se rápido y competitivo o serás eliminado. Te sientes siempre amenazado. No hay un tiempo específico para relajarse ni para la recuperación y los cuidados. Entonces, el deseo de desconectar y ‘encontrarse a uno mismo’ se vuelve insaciable. Pero estas prácticas tienen que ser aprendidas una y otra vez. Han dejado de ser la cosa más natural en el mundo y hay que luchar por ellas en una batalla contra uno mismo y contra los otros. La reproducción individual y sexual, la producción de vida, ahora se individualiza y es trasladada a los propios sujetos. La auto-realización, es decir, crearse a uno mismo a través del poder personal de acuerdo consigo mismo, se convierte en una tarea reproductiva para el ‘yo’.

La soberanía moderna de la subjetivación tiene lugar a través de la estilización de la auto-realización personal, la creatividad, el régimen terapéutico, la autonomía y la libertad, la conformación del ‘yo’, la responsabilidad personal y las coreografías de la represión. En general, esta soberanía moderna de la subjetivación parece estar basada, en primera instancia, en la ‘libre’ decisión de llevar una existencia creativa y precaria, que es cualquier cosa menos libre. Esta podría ser una razón que explique por qué es tan difícil ver la precarización estructural como un fenómeno neoliberal de gobierno que afecta a la sociedad como un todo, y que no está realmente basado en ninguna decisión libre. De ahí que podamos preguntarnos por qué es tan escasa la crítica de este proceso y por qué formas de contra-comportamiento son todavía prácticamente inexistentes.16

Básicamente, estamos ante la producción de sujetos despolitizados…































Vamos despidiéndonos
El tema de la creatividad es particularmente interesante, porque muestra cómo lo que está en juego son las formas-de-vida, es decir, su selección, gestión y adecuación. El coaching se ha convertido en el policía de la sociedad de control psíquico, que diría William S. Burroughs. Su labor es limpiar las aristas, desterrar la problematización y el riesgo. Jerarquiza y coloca la creatividad dentro del marco de producción y orden. Invisibiliza el conflicto. El problema de la creatividad se convierte en un problema de orden público. Se trata, como sostiene Tiqqun, de perfilar a los ciudadanos.17

A pesar de todas las apariencias construidas por las imágenes publicitarias del capitalismo cognitivo, es sorprendente la falta de creatividad y el estancamiento cultural que vivimos desde la consolidación como fenómeno global hegemónico de la cultura Pop, hace más de 60 años. Así como la comodificación de los procesos de subjetivación entorno a nociones como creatividad e innovación.

Pero necesitamos abrir líneas de fuga. Si hablamos de la creatividad subordinada, como ocurre en las industrias creativas, ésta podría continuar estancada a modo de una eterna repetición indiferenciada de lo mismo. Necesitamos un modo de temporalidad que frustre la lógica lineal del pasado, presente y futuro, así como la concepción teleológica de progreso. Según Gerald Rauning, si pensamos el presente no como un momento de transición entre el pasado y el futuro, sino como un tiempo en el que las cosas se expanden, este ‘llegar a ser presente’ es un tiempo muy específico de creatividad. De modo que, en vez de aceptar las grandes narraciones de la historia revolucionaria y de su historiografía estructuradora, como el único camino posible y reproducirlo hasta la infinidad, hay una necesidad de inventar, innovar y multiplicar las prácticas creativas revolucionarias. Entonces el ‘único gran evento’ revolucionario se convierte en una concatenación de prácticas instituyentes, la invención de una siempre renovable institución: la institución del común.18
Terminamos con un lúcido comentario de Alan Badiou al respecto, recogido en su texto La ética y la cuestión de los derechos humanos: “El problema es saber cuál es nuestra libertad y preguntarnos en qué medida hemos incorporado a nuestras mentes la imposibilidad de hacer algo distinto, que también suele tomar la forma de un consentimiento del que muchas veces ni siquiera tenemos plena conciencia.”19


Javier Montero (texto e ilustraciones)





Notas

1. Suely Rolnik. ‘The Geopolitics of Pimping’. (p. 46)
2. Deterritorial Investigations Unit. Empire, Biopower, Spectacle: Notes on Tiqqun.
Blog: http://deterritorialinvestigations.wordpress.com/2013/11/14/empire-biopower-spectacle-notes-on-tiqqun/
3. Suely Rolnik (pp. 46-7)
4. Toni Negri y Michael Hardt. Empire. (p. 397)
5. Javier Montero. La muerte del Pop.
Publicado por Diagonal: https://www.diagonalperiodico.net/culturas/la-muerte-del-pop.html
6. Red Army Faction. Projectiles for the People. (p.222)
7. Deterritorial Investigations Unit. Empire, Biopower, Spectacle: Notes on Tiqqun.
8. Isabell Lorey. Virtuoso of Freedom (p. 103-4)
9. David Harvey. A Brief History of Neoliberalism (p.47)
10. Tiqqun. This is not a program (p. 56)
11. Paolo Virno. A Grammar of the Multitude (p. 154-5)
12. Marion von Osten. Unpredicable Outcome / Unpredicitible Outcast: On recent debates over creativity and the creative industries
13. Marion von Osten. Unpredicable Outcome / Unpredicitible Outcast (pp. 155-6)
14. Elisabeth Wilson. Bohemians: The Glamorous Outcasts (p.157)
15. Isabell Lorey. Virtuoso of Freedom (p. 102-3)
16. Isabell Lorey. Virtuoso of Freedom (pp. 103–7)
17. Tiqqun. Primeros materiales para una teoría de la jovencita (p.18)
18. 9. Extraído del texto Arte y Revolución. Se trata de una conversación que mantengo con el filósofo Gerald Raunig que será próximamente publicada en la recopilación ‘Exploit’:
19. Alan Badiou La ética y la cuestión de los derechos humanos